¡Naturistas a las cosas!*

No digo nada nuevo si digo que la mente humana es maravillosa: puede crear mundos fantásticos. Pero cuando intentamos cotejar las creaciones de la mente con la realidad de las cosas, suele suceder que nos llevamos sorpresas. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que lo que creíamos creaciones maravillosas no eran más que burdas simplezas que carecían hasta de lógica.

 Lamentablemente las instituciones naturistas españolas, a diferencia de las americanas y del resto de Europa no conocen lo que significa ocuparse de las cosas: ¡Ninguna asociación dispone de sede propia!

 Esto, que puede que a muchos no le signifique gran cosa, produce diferencias fundamentales en los objetivos y la política de las asociaciones: Hace unos años, cuando pasé mis vacaciones en Lake Como Naturist Resort, pude ver como ese año se estaban ocupando de realizar una gran obra de saneamiento. Hablando con alguno de los responsables supe que, en años anteriores pudieron construir una piscina nueva y un estadio de tenis. En otra oportunidad, estando en Colina do Sol, Celso Rossi quiso conocer mi opinión acerca de cómo funcionaría el enorme lago que estaban por construir en la cima de la colina. Mientras tanto, desde la dirección de las asociaciones, se organiza alguno que otro evento social (frecuentemente pago), se toman decisiones políticas, se interactúa con la administración, etc. ¿en base a que criterios? Son frecuentes las discusiones sobre principios, que no cambian nada, ni conducen a nada.

 Las cosas son mojones que nos permiten saber si una decisión produce o no resultados positivos. Por otro lado, mientras que los clubes generan un espacio en el que cada cual puede seguir su camino. Las asociaciones, al tratarse de organizaciones políticas, suelen invadir la intimidad de las personas estableciendo una moral adecuada: se parecen demasiado a sectas religiosas.

Pablo

*A Ortega y Gasset, se lo conoce en Argentina por una frase similar a esta (él decía argentinos en lugar de naturistas), que usó en un discurso memorable en el que invitaba a los argentinos contemporáneos a dejar de caer en la autocomplacencia y trabajar por el futuro de grandeza al que estaban llamados. Demás está decir que no solo no le hicieron caso, sino que Ortega y Gasset, a día de hoy no goza de buena fama entre los argentinos.

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