Superando una dificultad

Una de las grandes ventajas de SolMadrid es la facilidad de acceso. Se llega recorriendo un corto tramo de la vía verde con la que linda. Esto le resultó atractivo a un vecino, cuya finca no linda con dicha vía, y cruzando a través de varias fincas, incluida la nuestra, accedía a ella.
 Desde hace unos veinte años, día tras día muchos vehículos cruzaban por esa huella (he llegado a ver hasta diez en un solo día), incluso vehículos pesados. Al tratarse de un “camino inventado”, nunca recibió ningún tipo de cuidado ni mantenimiento, con el consiguiente deterioro del terreno. Particularmente en los tramos con cierta pendiente, el terreno se ha socavado hasta un metro en algunas zonas. Además, dado que es una huella muy marcada, particularmente los fines de semana, turistas, cazadores, personas a caballo, etc. la recorrían para disfrutar del entorno y los hermosos paisajes que ofrece.

Resultaba gracioso cómo todo el que pasaba ponía cara de asombro al vernos desnudos trabajando cerca de su camino. Aunque esas personas seguramente pensaban que se encontraban en un espacio público, nunca nadie nos protestó por nuestra desnudez. De todos modos, este era un problema a resolver, y desde que tomamos contacto con este vecino, siempre con suma amabilidad y de mil maneras, le comentamos que eso no era un camino, estaba transitando por el medio de nuestra propiedad y que debía desistir de hacerlo. No había manera: propietarios, empleados, proveedores, clientes, toda persona relacionada con ese establecimiento rural pasaba día tras día frente a nuestras narices.

El jueves pasado por la tarde, mientras yo trabajaba a la entrada de SolMadrid, este vecino llegó saliendo, y se detuvo para saludarme. Aproveché la ocasión para comentarle que el sábado colocaríamos el portón, que a partir de ese momento ese paso quedaría cerrado, y que tomaría nota de la matrícula cualquier vehículo que viese en mi finca y lo denunciaría. El sábado, mientras trabajábamos vimos cómo saliendo otra vez, se llegó casi hasta donde nos encontrábamos, pero al vernos rápidamente dio la vuelta y regresó por donde había venido sin saludar siquiera. Finalmente, como se ve en la foto, dejamos el portón colocado con claras indicaciones de que ese no es un camino público.

Ayer muy temprano, antes del amanecer, ya me encontraba en la finca para ver que sucedía. Estuve todo el día disfrutando del tibio sol otoñal y para mi tranquilidad no sucedió nada, absolutamente nada. Nosotros ya habíamos dejado de usar el tramo degradado del camino reemplazándolo por uno nuevo. A partir de ahora podré cancelar esa parte para permitir su recuperación. Hemos ganado mucho en silencio y tranquilidad. Hemos ganado además más de 1Km de camino que ya no será transitado por nadie y se podrá disfrutar recorriendolo a pie, en desnudez disfrutando del entorno y los paisajes que ofrece que, créanme, ¡son hermosísimos!

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