¿Qué significa domesticar?

—¿Que significa domesticar? — Le preguntaba un día … un día sin tiempo, en un universo paralelo al nuestro (un universo literario), el Principito al Zorro.

—Es algo demasiado olvidado. — Respondió el zorro. —Significa crear lazos. Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños, y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas, no soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mi único en el mundo, y yo también para ti. Mi vida es monótona: yo cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro un poco, en fin… Pero si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además mira, ves allá lejos los campos de trigo. Yo no como pan, el trigo para mi es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada, y eso es triste. Pero tú tienes cabellos color de oro, entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado: el trigo que es dorado me hará recordarte, y me agradará el ruido del viento en el trigo…

—Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes…

Este maravilloso pasaje de El Principito no nos habla solo de la relación entre las personas, sino y principalmente de nuestra relación con el mundo. De hecho, quien habla en él no es una persona.
El principito y el zorro2En un reportaje aparecido en El Pais http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/16/actualidad/1389876142_361606.html Zygmunt Bauman recuerda que en la Europa oriental de su primera juventud, la gente era bastante feliz. No tenían mucho que comprar, pero vivían en comunidades solidarias, con buenos vecinos, que se ayudaban entre sí, cooperaban, y eso les daba seguridad, y, por otro lado, eran artesanos, o gente que en palabras del sociólogo americano Thorstein Veblen tenía ese ‘instinto de la humanidad trabajadora’. La felicidad derivaba del trabajo bien hecho. La satisfacción que eso produce es extraordinaria. En nuestra sociedad, en cambio, nos definimos no por lo que hacemos sino por lo que compramos.

Ese es, de por sí, un gran problema social, porque dejamos de disfrutar de esa felicidad que nos refieren los sociólogos. Pero en el caso del naturismo se suma otro problema que hace que la situación sea mucho más grave: No tenemos donde salir a comprarlo, ya que la España no mediterránea carece en absoluto de recursos para los naturistas.

La mayoría de los grandes centros y clubes nudistas de Europa datan de la época referida por Bauman, y es razonable que dados los cambios sociales descritos, el naturismo esté en declive en la actualidad: A nadie le interesa trabajar para dotarse de sitios naturistas y, dado que solo en contadas ubicaciones serían empresas turísticas rentables, no hay empresarios que apuesten por invertir en su creación.

En SolMadrid estamos dotándonos de un sitio acogedor para disfrutar del aire libre en desnudez. Estamos “domesticándolo”, pero en realidad lo más importante es que en este proceso, SolMadrid nos ha venido domesticando a nosotros. Estamos aprendiendo mucho, y se han venido creando fuertes lazos afectivos con ese maravilloso lugar.

 

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