TRABAJO y trabajo

La semana pasada fue fatal. Debí trabajar más de diez horas por día, sin siquiera la posibilidad de interrumpir al mediodía para comer algo. El viernes terminé estresadísimo, a las seis de la tarde, y aun debía regresar a casa: estaba en Salamanca!

Como de costumbre, el sábado temprano por la mañana, comenzamos a preparar las cosas para ir a la finca. Yo a gatas tenía fuerzas para moverme. Para colmo, al llegar, una lluvia torrencial dificultaba nuestros movimientos. A duras penas pudimos entrar y refugiarnos en la caravana. Me sentía vencido. Por suerte la lluvia no duró mucho y pude salir fuera.

Decidí continuar con la tarea de tapar las tuberías de desagüe del baño, que estaba pendiente desde hacía bastante tiempo y afeaba mucho el lugar. Tan pronto como cogí la pala y comencé a moverme, mi ánimo cambió totalmente. Es como si el alma me hubiera regresado al cuerpo. Pronto brillaron los rayos del sol, lo que sumado al calor corporal que me producía el ejercicio físico, me obligó a quitarme toda la ropa y continuar trabajando en desnudez.

No sé a qué se deberá, tal vez un psicólogo tenga alguna explicación para ello, pero el trabajo en SolMadrid tiene claramente efectos terapéuticos.

Además de hacer cosas que día a día nos brindan mayor comodidad, y que la misma tarea de realizarlas constituye un estupendo ejercicio físico, trabajar en SolMadrid nos quita el estrés que incorporamos durante la semana en nuestro trabajo.

Este sí que es TRABAJO con mayúsculas.

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